Un saludo

Bienvenid@ si has decidido invertir un poco de tu tiempo en mirar por mi ventana, porque eso es este sitio, una ventana abierta a la imaginación, una ventana por la que mirar al otro lado, donde puedes ser uno de esos personajes que te hacen olvidar quien eres o dónde estás durante el tiempo que te sumerges en esa historia que es capaz de provocarte mariposas en el estómago. Espero que lo disfrutes.

viernes, 1 de noviembre de 2013

HALLOBLOGWEEN-CANTOS DE SIRENA

Fotografía de Menchu Garcerán
Todos los años, mi compañera y amiga, Teresa Cameselle nos convoca a unos días de miedo. Me gusta acudir a esta convocatoria porque es muy divertida y permite que nos conozcamos un montón de "blogueros" que andamos por ahí, cada uno con nuestras cosas y que coincidimos estos días y bajo el tema que Teresa nos pide. En esta ocasión nos pedía hablar sobre la muerte.También dice que hagamos un micro-relato. Teresa, lo siento, pero cuando lo leí ya me había ido a unas cuantas "líneas" más. Así que ahí lo dejo tal y como salió.

              ¡¡FELIZ Y TERRORÍFICO HALLOBLOGWEEN!!


Cantos de sirena
“Anoche soñé que volvía a Manderley” Rebeca leyó una vez más aquella frase que la transportaba a otro mundo, a otro lugar. Le encantaba sumergirse en esa historia tan familiar para ella.
 Se había metido en la cama y cubierto con un confortable edredón de plumas. Fuera, el viento agitaba las ramas de los árboles del jardín, que golpeaban contra los cristales de las ventanas con un sonido siniestro.
La lluvia golpeaba sobre la chapa del porche, el cielo se encendía por los relámpagos seguidos de su trueno correspondiente, arrancado aullidos de terror en Sir Kan, su fiel mastín.
Había dejado la persiana subida porque le encantaba sentir la furia de los elementos mientras se sabía protegida dentro de su casa, una casa antigua y cargada de recuerdos. Allí había crecido rodeada del amor de sus padres y de todas las comodidades que estos le habían proporcionado. Una infancia feliz hasta que su madre apareció muerta en el sótano y su padre se volvió, literalmente, loco.
El origen de la muerte había sido un accidente, según explicó la policía, pero ella no estaba tan segura. Su madre siempre decía que en el sótano existía una energía extraña que dominaba la casa, de hecho, jamás bajaba. Nunca pudo hacer entender a los investigadores que ella nunca habría bajado allí por voluntad propia. Y luego estaba la actitud de su padre, el estado catatónico en el que había quedado, no tenía ninguna explicación. Cuando lo encontraron en su cama a la mañana siguiente a lo que se suponía había sido el momento de la caída, solo repetía «No bajes», «No bajes» con la vista fija en un punto fijo y lejano.  ¿Qué habría visto? ¿Qué habría oído?
Habían pasado cinco años desde aquel suceso y ella no había abandonado su hogar. Aquella vieja mansión tenía ciertas similitudes con la de la novela que tanto le gustaba, incluido ese torreón en el que la vieja señora Danvers murió quemada.
Las luces vacilaron varias veces hasta apagarse definitivamente. La oscuridad la envolvió. Aquello empezaba a volverse feo. No le habría importado demasiado si no hubiera sido porque le pareció escuchar un portazo. La puerta principal era demasiado pesada para que el aire la moviera pero podía haberse abierto alguna ventana y haber hecho que la del salón se cerrara de golpe. Suspiró con fastidio. Tendría que bajar a comprobar que estaba todo en orden. Si entraba agua por las cristaleras abiertas, los muebles se arruinarían.
«No bajes»
Esas palabras retumbaron en su cabeza. La sacudió con energía. ¡Qué tontería! Tenía que hacerlo.
Las tablas del suelo de madera crujieron bajo su peso. Cuanto más silencioso estaba todo, más se oían los ruidos pequeños, incluidos el crujido de las paredes o el viento en el jardín. La planta baja permanecía en penumbra, la única luz provenía la de la luna llena, que entraba por el tragaluz del vestíbulo.
Un chasquido en la cocina atrajo su atención hacia allí. Al final, tendría que bajar.
«No bajes»
«¿Mamá?» Era la voz de su madre.
Se estremeció, no sabía si por el frío o por ese sonido tan cercano y conocido. Se estaba empezando a volver loca. Su madre no estaba allí. Nadie le había hablado.
Una fina línea de luz anaranjada se filtraba bajo la puerta del sótano. ¡Qué extraño!, se dijo. No hay electricidad ¿De dónde podría salir esa luz? ¿Y si era fuego? ¿Se atrevería a abrir esa puerta o saldría corriendo? Debería ponerse a salvo. Si era fuego, las llamas alcanzarían la madera en poco tiempo. Si abría,  el incendio se propagaría. La lógica le decía que saliera corriendo, sin embargo algo tiraba de ella hacia aquella escalera. Un canto de sirena ineludible. Caminar hacia allí la envolvía en un halo de tranquilidad y paz. No había problemas, solo una inmensa felicidad.
Avanzó hacia el calor y la luz. Su mano se detuvo sobre el picaporte, incomprensiblemente helado, de la puerta.
¿Abro? –Se preguntó mientras oía el golpeteo acelerado de su corazón.
 *****
Y como me gustan las casas terroríficas, os dejo otra que le tomé prestada a Laura Caballero en su muro de facebook.

20 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Un final abierto.
Pero no se si es conveniente desoir esas advertencias.

Pepe dijo...

Evidentemente yo no osaría abrir, pero claro que yo, en la distancia que proporciona mi posición de lector, no tengo ese influjo poderosísimo que la empuja hacia el sótano.
Muy bien planteado y desarrollado tu relato.
Un saludo.

Menchu Garcerán dijo...

Gracias a los dos por pasaros por mi "mansión" encantada.
Saludos

Laury dijo...

Yo no abriria la puerta ni loca!! De echo no hubiera ni bajado! Jajajaja
Me encanta la foto tuneada ;) te ha quedado genial :)

Menchu Garcerán dijo...

Gracias, Laura. Yo no habría salido ni al pasillo :)

Paco Kali dijo...

Gracias por tu visita a mi blog, y por el comentario. Me ha gustado tu propuesta de pánico a la apertura de esa puerta que nos separa de lo oculto. Un abrazo y con tu permiso me instalo en tu blog.

Menchu Garcerán dijo...

Bienvenido y muchas gracias.
Otro abrazo para ti

Valaf dijo...

Creo que abrirá, e irá al encuentro con su destino...Rediós, tu relato te va capturando hasta meterte en la piel de la protagonista y esperar un desenlace que dejas abierto. Enhorabuena y un placer leerte.

Lydia Leyte dijo...

Maravillosa mansión encantada.La curiosidad impulsa a abrir la puerta. No nos podríamos resistir

Lucía de Vicente dijo...

Muy bueno, Menchu. Incluso yo estaba diciendo a esa inconsciente, "no bajes", jajajaja

Menchu Garcerán dijo...

Gracias. Yo creo que el refrán "la curiosidad mató al gato" sería muy apropiado para este relato. Claro que no sabemos si Rebeca abre la puerta :)

Alicia Uriarte dijo...

Menchu, yo te aseguro que ya habría hecho lo posible para haber puesto tiera de por medio. Me gustan las comunidades de vecinos, me siento más arropada. Acaso sea por la multitud de historias truculentas que se han generado en el mundo cinematográfico en torno a casas solitarias.
Buen relato. Enhorabuena.

Menchu Garcerán dijo...

Gracias, Alicia. No creas, que en las comunidades de vecinos también hay mucha tela que cortar :)

Lucia M.Escribano dijo...

El terror que sentimos ante una puerta cerrada y lo que detrás de ella nos espera, hace falta ser osado para abrirla.
Me gusta tu casa y tus letras, no tenia el placer de conocerte.
Volveré con más tiempo.
Saludos jueveros.

Menchu Garcerán dijo...

Gracias, Lucía. Vuelve cuando quieras. Esta es tu casa.

Natàlia Tàrraco dijo...

Abrir o no abrir !no bajes! ni caso, la curiosidad suele ganar siempre.
Un relato muy conseguido, primero alusión cinéfila, luego atmósferas que empujan y sugieren, genial, misterioso con la duda final servida.
Me quedo por aquí y te sigo, nos vemos en otros jueves, eso espero. Besito.

San dijo...

Yo no abría, por lo que pudiera encontrar...Un relato con mucha tensión, mantenida hasta ese final abierto con el que nos has regalado.
Un placer leerte en esta convocatoria juevera.
Un abrazo.

Menchu Garcerán dijo...

Gracias, San.
Otro abrazo para ti

José Antonio López Rastoll dijo...

Me encantan las historias de casas encantadas. Yo creo que abre la puerta. Otra cosa sería morirse de curiosidad.

Un saludo.

Menchu Garcerán dijo...

Gracias José Antonio y bien pensado eso de que a lo mejor se muere de curiosidad :)