¿59?

 


Existen ocasiones en las que nos ponemos trascendentales, o no tanto, y echamos un vistazo al pasado. Una de ellas es el día de nuestro cumpleaños. Ayer cumplí los cincuenta y todos y lo primero que pensé es que me siento como siempre y sin embargo, de repente, una ya se para a pensar porque te das cuenta de que han pasado UN MONTÓN de años desde aquel 7 de septiembre (Sí como la canción de Mecano)
No hay nada como detenerse un momento entre todas mis prisas diarias, para darme cuenta de la cantidad de cosas que han sucedido desde que he tomado conciencia de lo que sucedía ante mis ojos. Sí. Ahora que hemos celebrado la llegada a luna, recuerdo perfectamente donde estaba y qué estaba haciendo. Estaba sentada encima de una mesa, sin apartar la mirada de la televisión que, por supuesto, era en blanco y negro.
Mis recuerdos se suceden y sorprenden a la vez. Estamos tan acostumbrados al teléfono móvil y a internet que no recordamos que hubo una época en la que no existían. Vamos, que en mi pueblo solo existía un teléfono, el del Casino, donde íbamos a recibir llamadas, que ya habíamos concertado con anterioridad o a realizarlas. Yo tenía 16 años cuando llegó el teléfono a mi casa y ahora llevo uno pequeñito en el bolsillo que me pone en contacto con todo el mundo.
Pero “mejor” todavía es recordar que durante los 7 u 8 años primeros de mi vida, no había agua corriente en el citado pueblo, por cierto, muy turístico. Yo creo que fue el desarrollo turístico lo que le llevó el agua, el teléfono y otras infraestructuras. Pues sí. ¡No había grifos! Íbamos al Aljibe con un carretón y unos cántaros y llenábamos la tinaja de la cocina. Ahí estaba el agua potable.
¿Más recuerdos? Nos daban un botellín de leche en el colegio todas las mañanas. Íbamos solas al cole, sin peligro. Y a media mañana, mi madre nos llevaba el almuerzo recién comprado. Ah. Teníamos clase los sábados por la mañana y, por supuesto, por las tardes. Estudié bachiller e hice dos reválidas (la de 4º y la de 6º) y COU y la selectividad.
Han cambiado tantas cosas y de manera tan paulatina, que las hemos ido adoptando sin problema. Recuerdo el primer ordenador personal con aquel sistema infernal que creo recordar se llamaba MS2 o por lo menos me suena haberlo utilizado. Recuerdo la llegada de internet, cuando me parecía “aburrido” usarlo. Ahora lo veo imprescindible. Si queríamos consultar el saldo de nuestra cuenta había que ir al banco con la cartilla. Bueno, lo de la banca es otro mundo, que desde luego sin internet no existiría. ¿Y las comunicaciones? ¿Y la cantidad de personas que hemos conocido a través de este medio? ¿Y la posibilidad misma de poder enviar manuscritos o conocer editoriales? El mismo ebook. Hace pocos años era ciencia ficción.  Lo mismo que el mundo digital del cine o la fotografía. Me resistía a dejar a la analógica y ahora estoy encantada con las cámaras de los móviles y todo lo que los programas de fotografía pueden hacer.
En fin, que me detengo en estas cosas y es cuando me doy cuenta de que de verdad han pasado esos 59 años.

Seguro que me he dejado cientos de recuerdos. Es lo que tiene la edad. ¿Qué hacías vosotros?