HALLOBLOGWEEN 2011.EL REGALO PREFERIDO

Este relato lo escribí hace años y hoy, por cosas del destino y de facebook, lo he reencontrado. Que conste que tengo varias muñecas de porcelana en casa. Me encantan y cuando voy de viaje, procuro traerme alguna. Espero que os guste


EL REGALO PREFERIDO
Era su decimoquinto cumpleaños y había pasado un día maravilloso. Fiesta con sus amigas, tarta y un sinfín de regalos. Unas zapatillas decoradas con huesos y calaveras, una mochila, ropa… Sus abuelos, a pesar de los inconvenientes puestos por sus padres, le habían comprado un teléfono nuevo con el cual podría conectarse a internet. Prometió usarlo con cabeza. Y su favorito. Se lo había traído su vecina, una viejita encantadora a la que conocía de toda la vida. Era una muñeca antigua con cara de porcelana. Un toque de colorete en las mejillas, animaban la palidez del exquisito material. El cabello era rojizo, peinado en tirabuzones y el vestido era largo, acabado en un volante. En sus manos enguantadas de encaje, llevaba un pequeño bolso de terciopelo, que se cerraba fruncido por un lazo de raso. Lo que más llamaba la atención eran sus ojos, de marrón claro, casi ámbar, que se cerraban cuando la tumbaba. Era preciosa. Era perfecta. Nunca había tenido nada igual.
–¡Nora! –gritó una de sus amigas– ¿Vas a venir a pedir golosinas?
La pandilla iba a salir por el barrio a pedir dulces “Truco o trato” gritaban ante cada puerta. Sí, había nacido en una fecha muy particular y después de la celebración de su fiesta, siempre salían a hacer su recorrido.
–¡Ya voy! –les gritó desde su habitación.
Esa noche no le apetecía salir, algo la atraía hacia aquella muñeca de la que se le hacía difícil separarse de ella. Volvió a mirarla y al final decidió ponerla en un lugar privilegiado de su habitación. Sí, sobre la estantería, frente a su cama. Así podría verla cada vez que quisiera.
–¡Noraaaaa!
–¡Voyyyyy! –gritó impaciente–. Enseguida vuelvo. No te dejaré sola tu primera noche aquí –susurró al juguete.
Después de su pequeña excursión, Nora volvió exhausta a casa. Era temprano pero subió derecha a acostarse. Cayó en un sueño profundo casi inmediatamente.
Alguien la observaba, estaba segura. Tenía la sensación de que todos sus movimientos eran examinados. Se dio la vuelta en la cama y quedó de cara a la ventana por donde entraba la luz de la luna. Así estaba mejor. Al momento oyó un crujido y después algo que se deslizaba. Un escalofrío la recorrió por entero. Se tapó la cabeza para dejar de oírlo. ¿Qué le pasaba que no podía dormir si había llegado tan cansada? Pasos, estaba segura de que eran pasos. Unos pies menudos avanzaban sobre la alfombra. Lo sabía porque sonaban igual que lo hacían los pasos de su hermano pequeño, pero él estaba en su cama. Tiritó debajo de las mantas. Estaba agotada, no tenía fuerzas para llamar a sus padres y decirles que había alguien en la casa, porque estaba segura de que lo había. Con gran esfuerzo logró incorporarse y dar la luz. La habitación quedó iluminada. Sus ojos miraron directos a su regalo favorito. La muñeca había desaparecido, mejor dicho, estaba sentada a su lado, junto a la almohada.
En la casa de al lado, una voz cascada dijo
–Te tengo, pequeña bruja.